REGOCIJATE
Lectura: Filipenses 4:1-9
“Regocijaos en el señor siempre. Otra vez os digo ¡Regocijaos!”
Esta es la historia de una joven ciega cuyo resentimiento nacido de la propia incapacidad, la arrastraba a odiar al mundo y hasta a si misma. Odiaba a todos salvo a su novio que la comprendía y la amaba profundamente. Luego de esperar años que llegaran al banco de órganos un par de ojos, le anunciaron que le practicarían la anhelada operación para recuperar la visión, tras la operación se produjo el milagro: !pudo ver!, fue cuando el novio le preguntó si quería casarse con él, y fue también cuando se dio cuenta que el novio… era ciego. Le respondió que no tenía intenciones de casarse, pero interiormente sabía que no quería entregarse a un hombre con el cual tendría que “estar cargando siempre”. El novio comprendió y se despidió de ella, pero antes de hacerlo le dejó una nota que decía “sólo te pido que cuides muy bien de mis ojos, aunque dejaron de ser míos el día que te los regalé, lo hice para que recuperaras las ganas de vivir. Te amo”
Hasta donde se todavía no hay posibilidad de transplantar ojos, pero el sentido de la historia no es fantasía, sino diaria realidad.
Antes de decir algo destructivo, piensa en los que no pueden hablar. Antes de quejarte de los alimentos, piensa en los que no tienen nada para comer. Antes de quejarte de tus hijos, piensa en los que no los tienen. Cuando reniegues de tu trabajo, piensa en los que están desempleados. Cuando el cansancio quiera derrumbarte y llenarte de pensamientos negativos, sonríe y da gracias a Dios.
“NUESTRA GENTILEZA Y GOZO SEA CONOCIDA DE TODOS”
4 ago 2009
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