23 mar 2010

Amor proximal

LEA: Lucas 10:29-37
Amarás al Señor tu Dios […]; y a tu prójimo como a ti mismo. —Lucas 10:27
Habría sido más fácil comprar un nuevo secador de cabello, pero, como me había propuesto ahorrar un poco, decidí arreglarlo yo mismo. Para aflojar el tornillo que estaba hundido en lo profundo del mango, saqué la herramienta de última generación según el «manual del reparador casero»: mi navaja de bolsillo. Cuando hice presión para girar el tornillo, la hoja de la navaja se dobló… y me cortó el dedo.

Ese día aprendí la lección: Yo me amo. Y de inmediato suplo mis necesidades. Ni se me ocurrió pensar: «Bueno, no tengo tiempo de parar la sangre ahora. Después lo hago». Además, hubo ternura en la manera de tratar la urgencia. Le indiqué a mi equipo de primeros auxilios (mi esposa e hijos) que me lavara suavemente el dedo y que luego colocara el vendaje de tal modo que, cuando me lo sacara, no me arrancara los pelitos del dedo. Mis pensamientos, palabras y acciones fueron dirigidos por mi amor a mí mismo.

Amar «a tu prójimo como a ti mismo» (Lucas 10:27) exige la misma clase de amor apremiante. Un amor que percibe la necesidad de otra persona y que no descansará hasta satisfacerla. Es un amor cordial y afectuoso que piensa y actúa con esmero; el amor sacrificial y compasivo que un samaritano desconocido tuvo hacia un viajero caído. Es la clase de amor que Dios quiere compartir con tu prójimo a través de ti.

A solas con Dios

LEA: Salmo 23
En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. —Salmo 23:2

La palabra conectado refleja nuestro estilo de vida actual. Es raro que una persona vaya a alguna parte sin un teléfono móvil, un iPod, un ordenador portátil o un buscapersonas. Se nos puede encontrar las 24 horas del día. Algunos psicólogos consideran que este afán de permanecer conectados es una adicción. Sin embargo, un número creciente de personas está reduciendo deliberadamente el uso de la tecnología. Ser un «antitec» es su manera de preservar los momentos de quietud y limitar el caudal de información que los inunda.

Muchos seguidores de Cristo perciben que un tiempo diario de lectura bíblica y de oración es esencial para su andar cristiano. Esta «hora silenciosa» nos desconecta de las distracciones externas para conectarnos con Dios. Los «delicados pastos» y las «aguas de reposo» del Salmo 23:2 van más allá de una idílica escena campestre. Hablan de nuestra comunión con el Señor mientras Él restaura nuestra alma y nos guía en Sus sendas (v. 3).

Todos podemos apartar un tiempo para reunirnos con Dios, pero ¿lo hacemos? En su librito, «7 minutos con Dios», Robert Foster nos sugiere una forma de comenzar: Empieza orando brevemente para pedir ser guiado, luego lee la Biblia unos minutos y termina con una oración corta de adoración, confesión, gratitud e intercesión por otras personas. Hoy es vital dedicar un tiempo para conectarnos con el Señor, el cual es nuestra vida.