Lectura: Miqueas 6:6-8
Una vez escuche unas entrevistas a sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial. Los soldados recordaban cómo pasaron un día en particular, uno se sentó en una madriguera, una o dos veces, un tanque alemán pasó por allí y él le disparó. Otros mataron el tiempo jugando cartas, Unos cuantos se involucraron en furiosos tiroteos. Mayormente, el día transcurrió como cualquier otro. Más tarde supieron que acababan de participar en uno de los combates más grandes y decisivos de la guerra, La Batalla de las Ardenas. No se sintió decisivo en el momento porque nadie veía todo el cuadro.
Las grandes victorias se ganan cuando personas comunes y corrientes ejecutan sus tareas asignadas. Cuando los seguidores de Ignacio (1491-1556) caían en períodos de frivolidad, él siempre recetaba la misma cura: “En momentos de desolación nunca debemos hacer cambio alguno, sino permanecer firmes y constantes en los propósitos y la determinación en los que nos encontrábamos el día antes de dicha desolación”. Las batallas espirituales deben lucharse con las mismas armas que son más difíciles de empuñar en ese momento: La oración, la meditación, el auto-examen, y el arrepentimiento.
Tal vez sientas que te encuentras estancado espiritualmente. ¡Mantente en tu tarea asignada! La obediencia a Dios – y sólo la obediencia – ofrece la salida a nuestra frivolidad. -
Si sientes que tu fe se está deshilachando, vuelve al lugar donde soltaste el hilo de la obediencia.
22 dic 2009
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