29 jun 2010

Detenerse a ayudar

LEA: Lucas 10:30-37
Amarás […] a tu prójimo como a ti mismo. —Lucas 10:27

El Dr. Scott Kurtzman, jefe de cirugía del Waterbury Hospital, en Connecticut, iba camino a dar una conferencia cuando presenció un terrible accidente que involucró 20 vehículos. El doctor se puso inmediatamente en acción, se abrió paso entre los trozos de metal, y comenzó a gritar: «¿Quién necesita ayuda?». Después de prestar asistencia durante 90 minutos, y una vez que las víctimas fueron llevadas a hospitales regionales, el Dr. Kurtzman comentó: «Una persona con capacitación como la mía, simplemente no puede pasar de largo sin atender a una persona herida. Me niego a vivir mi vida sin actuar así».

Jesús relató una parábola sobre un hombre que se detuvo a ayudar a otro (Lucas 10:30-37). Un judío había sido atrapado en una emboscada, desnudado, robado y dejado por muerto. Un sacerdote judío y un ayudante del templo pasaron por allí, vieron al hombre y cruzaron al otro lado del camino. Después pasó un samaritano despreciado, vio al hombre y sintió una tremenda compasión. Su compasión se convirtió en acción: le curó las heridas y se las vendó, lo llevó a una posada, lo cuidó mientras pudo, pagó todos los gastos y después le prometió al posadero que regresaría para pagar cualquier otro gasto adicional que surgiera.

A nuestro alrededor hay personas que están sufriendo. Movidos por la compasión que genera su sufrimiento, seamos de aquellos que se detienen a ayudar.

La compasión siempre es sinónimo de actividad.

22 jun 2010

Dame una mano

LEA: Salmo 139:7-12

Esté tu mano pronta para socorrerme, porque tus mandamientos he escogido. —Salmo 119:173

Hace poco, estaba pescando con unos amigos y me metí en una corriente de agua que era demasiado fuerte para mis viejas piernas. No tendría que haberlo hecho, ya que es bien sabido que uno no puede meterse en corrientes de las cuales no puede salir.
Sentí esa sensación de pánico que uno experimenta cuando se da cuenta de que está en un grave problema. Un paso más, y sería arrastrado por el agua.

Hice lo único que se me ocurrió: le grité a un amigo que estaba cerca, que es más joven y más fuerte que yo. «¡Oye, Pedro! —exclamé—, ¡por favor, dame una mano!». Mi amigo caminó por la corriente, extendió su mano fornida y tiró hasta llevarme adonde el agua estaba tranquila.
Unos días después, mientras leía el Salmo 119, me encontré con el versículo 173: «Esté tu mano pronta para socorrerme». Entonces, pensé en aquel día en el medio de la corriente de agua y en otros en que me «metí» en situaciones difíciles, sobreestimando mis débiles capacidades y poniendo en peligro a mis seres queridos y a mí. Quizá hoy te encuentres en una situación similar.

Hay ayuda cerca, un Amigo que es mucho más fuerte que tú y que yo; uno cuya mano puede asirnos (Salmo 139:10). El salmista también dice acerca de Él: «Tuyo es el brazo potente; fuerte es tu mano, exaltada tu diestra» (89:13). Puedes clamar a Dios: «¡Dame una mano!», y Él se te acercará de inmediato.

Cuando nos golpea la adversidad, Dios está listo para fortalecernos.

15 jun 2010

No es justo

LEA: Salmo 103:1-10

No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. —Salmo 103:10

«¡No es justo!» Ya sea que lo hayas dicho o que, al menos, lo hayas pensado, debes admitir que es difícil ver que alguien se sale con la suya y no recibe lo que merece. Esto lo aprendemos desde niños. Sólo hay que preguntarles a padres de adolescentes. Los chicos odian que a los hermanos no se los castigue por cosas por las que ellos recibieron una zurra. Por eso, siempre están chismorreando lo que hacen unos u otros. Pero, en realidad, nunca cambiamos. A nuestro modo de pensar, justicia significa que los pecadores merecen la ira de Dios y que nosotros, los buenos, merecemos Sus elogios.

Sin embargo, si Dios fuera sólo «justo», ¡todos seríamos consumidos por Su juicio! Podemos dar gracias por esto: «[Dios] no ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades» (Salmo 103:10). Deberíamos estar contentos, no malhumorados, de que Él prefiere la misericordia más que la justicia, y está dispuesto a extender Su gracia aun a aquellos que no la merecen y que están perdidos sin esperanza. Y, mientras pensamos en esto, ¿cuándo fue la última vez que permitimos que la misericordia triunfara sobre la justicia con respecto a alguien que nos ofendió?

No es la justicia de Dios, sino Su misericordia lo que hace que Él nos busque, para que haya fiesta en el cielo cuando somos hallados (Lucas

15:7). Personalmente, ¡estoy agradecido de que Dios no haya sido «justo» conmigo! Y tú, ¿qué piensas?

Podemos ser misericordiosos con los demás porque Dios lo ha sido con nosotros.

8 jun 2010

Inolvidable

Natalie Cole es una de las mujeres con una voz más sensible y dulce. Yo la considero una de mis cantantes favoritas. Versionó una canción de su padre, Nat King Cole, la famosa “Unforgettable”, que con los “milagros” de la técnica logró cantar a dúo con él años después de que falleciera.

¿Recuerdas el estribillo?
“Eres inolvidable
En todos los sentidos,
Inolvidable para siempre” (1)

Y aunque es una canción de amor, y es obvio que está dedicada a quien ocupa un lugar muy importante en el corazón, yo quiero dedicarla a todos los que están leyendo ahora esta historia.

No creas que me he vuelto loco: sólo estoy recordando lo que cada uno de nosotros significamos para Dios, nuestro Creador.

Para El, todos somos inolvidables, únicos, hechos con el cariño del Rey de Reyes, y reflejando en parte la imagen de nuestro Dios.

Aún a pesar de todos nuestros errores y nuestras equivocaciones, Dios sigue amándonos profundamente, y El es el único que nos conoce de veras y el que dice a nuestro corazón: “Tu has rescatado mi alma de la muerte, y mis ojos de las lágrimas…” (2).

- Lágrimas cuando nos encontramos solos, sin nadie que comprenda lo que ocurre en nuestra vida.
- Lágrimas de angustia por el pasado, el presente o el futuro, por situaciones que no podemos controlar y que parecen destruirnos.
- Lágrimas de desesperación, cuando hemos perdido lo más precioso que teníamos, y quizás no vuelva más.
- Lágrimas de incomprensión, cuando nos esforzamos en hacer algo bien, y sólo recibimos críticas y burlas.
- Lágrimas por creer que nuestra existencia no tiene sentido…

Tú eres inolvidable. Estés dónde estés y seas quien seas. Dios te conoce y te ama, y somos muchos más los que sinceramente pensamos lo mismo. No lo olvides.

1 jun 2010

Agentes de cambio

LEA: 2 Timoteo 2:19-26
Si alguno se limpia […], será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra. —2 Timoteo 2:21

Con cuatro años de seminario como experiencia, me lancé a mi primer ministerio con una amplia agenda de actividades. Como pastor nuevo, pensé que estaba allí para cambiar ese lugar. Sin embargo, Dios utilizó ese sitio para cambiarme a mí.

La junta directiva de la iglesia me respaldó, pero me mantenía implacablemente ocupado en detalles administrativos. Tuve que aprender a trabajar con líderes laicos, a ser cuidadoso en mi trabajo y a soñar con los demás.

A menudo, pensamos que Dios nos asignó la tarea de cambiar el mundo que nos rodea, cuando, en realidad, Él tiene interés en cambiarnos a nosotros.

¿Para qué? Para hacernos un «instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra» (2 Timoteo 2:21). Dios suele utilizar a las personas más insólitas en los lugares más inverosímiles para enseñarnos algunas de las lecciones más difíciles de la vida. Y cuando pensamos que lo hemos logrado, Él tiene más cosas para enseñarnos.

Hace poco, entré en una nueva etapa del ministerio. Quizá sea un «veterano experimentado», pero todavía sigo aprendiendo, creciendo y asombrándome ante la manera en que Dios continúa moldeando este instrumento para Sus nobles propósitos.

Si quieres ser un agente de cambio, no resistas al verdadero Agente de cambio. ¡El Señor desea de todo corazón lo mejor para ti (y para Él)!