20 jul 2010

Oración fiel

LEA: 1 Timoteo 2:1-7
[Oren] por los reyes y por todos los que están en eminencia. —1 Timoteo 2:2

En junio de 2009, Emma Gray murió a los 95 años de edad. Durante más de dos décadas, había sido encargada de la limpieza en una casa grande. Todas las noches, mientras hacía las tareas, oraba pidiendo bendiciones, sabiduría y protección para el hombre para quien trabajaba.

Aunque trabajó en el mismo lugar durante 24 años, los ocupantes de la residencia cambiaban cada cuatro, más o menos. Durante ese tiempo, Emma elevó sus oraciones nocturnas a favor de seis presidentes de los Estados Unidos: Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford y Carter.

Si bien tenía preferencia por algunos de ellos, igualmente oró por todos. Ella seguía las instrucciones que se nos dan en 1 Timoteo 2 en cuanto a orar «por todos los que están en eminencia» (v. 2). Estos versículos continúan diciendo que vivir «quieta y reposadamente», y ser una persona piadosa y reverente «es bueno y agradable delante de Dios […], el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (vv. 2-4).

Puesto que Dios «oye la oración de los justos» (Proverbios 15:29), ¡quién sabe cómo respondió Él las oraciones fieles de Emma! En Proverbios 21:1, leemos: «Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina».

Tal como Emma, nosotros también debemos orar por nuestros líderes. ¿Hay alguien por quien Dios te está llamando a orar hoy?

Para influir a los líderes a favor de Dios, intercede ante Dios a favor de esos líderes.

13 jul 2010

La buena historia

LEA: Lucas 23:44–24:3
Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. —Lucas 24:2-3

Según un experimento realizado en la Universidad de Chicago, la gente tiende a recordar más las imágenes negativas. Aunque declaran que quieren alejarse del aluvión de noticias malas que transmiten los medios de comunicación, este estudio indica que sus mentes son atraídas hacia este tipo de historias.

A Katherine Hankey (1834–1911) le interesaba más la «buena noticia». Deseaba profundamente que las mujeres jóvenes conocieran a Cristo. En 1866, se enfermó gravemente. Mientras yacía en cama, pensaba en aquellas a quienes les había compartido la historia de la redención en Jesús, y deseaba que alguien la visitara y la consolara con «la antigua historia». Entonces, escribió la poesía que luego se convirtió en un himno:

Nunca nos cansamos de escuchar la historia que nos dice que Dios, en Su gran amor, envió a Su único Hijo a esta tierra (Juan 3:16). Jesús vivió una vida perfecta, cargó nuestro pecado al morir en la cruz y, tres días después, resucitó (Lucas 23:44–24:3). Al aceptarlo como Salvador, recibimos vida eterna y nos convertimos en hijos de Dios (Juan 1:12).

Cuenta la antigua historia de Jesús y de Su amor. Se necesitan buenas noticias.

La buena noticia de Cristo es la mejor noticia del mundo.

8 jul 2010

Negación plausible

LEA: Salmo 51:1-10
Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. —1 Samuel 16:7

En respuesta a las acusaciones de los medios de comunicación por escándalo e indecencia, el político culpable respondió con el siguiente pretexto: «No recuerdo tales acontecimientos». No obstante, este fue otro intento de una figura pública de aplicar una estrategia llamada «negación plausible». Ocurre cuando un individuo trata de crear una red de protección personal buscando convencer a los demás de que desconocía los sucesos en cuestión. Otra persona es imputada y se convierte en el chivo expiatorio que paga por los agravios del culpable.

A veces los creyentes tienen su propia clase de negación plausible. Declaramos desconocer nuestra conducta equivocada, ponemos excusas o culpamos a otros; pero Dios sabe la verdad. La Biblia nos dice: «El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón» (1 Samuel 16:7). Esto es cierto cuando el corazón es puro y también cuando está corrompido y encubierto con falsas declaraciones de inocencia. Podemos engañar a otras personas que sólo nos ven por fuera, pero Dios conoce la realidad de nuestro corazón, sea bueno o malo.

Por lo tanto, es sabio confesar con humildad nuestras ofensas al Señor. Él desea que admitamos la verdad (Salmo 51:6). La única manera de librarnos del pecado y restaurar nuestra comunión con Dios es reconocerlo y confesárselo a Él (vv. 3-4).

Podemos conseguir engañar a otros, pero Dios conoce nuestro corazón.