7 sept 2009

EL FRACASO DEL ÉXITO

Clave del éxito:

Deuteronomio 8: 7-11

Jehová tu Dios te introduce en buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes; tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel; tierra en la cual no comerás el pan con escasez, ni te faltará nada en ella; tierra cuyas piedras son hierro, y de cuyos montes sacarás cobre. Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado. Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy.

Dios siempre ha tenido misericordia con nosotros, nos da todo lo que necesitamos (aunque a veces queremos más, y no valoramos lo que tenemos), vamos a definir Misericordia “es recibir lo que no merecemos”. Normalmente nosotros pedimos justicia cuando nos ofenden, y queremos que se le pague a cada quien de acuerdo a sus actos, sin embargo cuando seamos nosotros los que ofendemos, pedimos misericordia, es decir, no queremos recibir lo que merecemos. Dios ha sido tan bueno, que nos complace en esto, ha enviado a Jesús a morir por nuestras culpas (Juan 3:16), es decir, nuestra ofensa fue pagada por otro, y por ende recibimos lo que no merecíamos PERDON.

Retomando nuestro tema, la clave de nuestro éxito está como dice su palabra en obedecer sus preceptos y guardar su palabra en nuestro corazón.

Clave del Fracaso:

Deuteronomio 8:12-19

No suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habitares, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre; que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal; que te sustentó co maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien. Y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te de el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.

Más si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra ustedes, que de cierto pereceréis. Como las naciones que Jehová destruirá delante de ustedes, así perecerán, por cuanto no han atendido a la voz de Jehová vuestro Díos.

La clave de nuestro fracaso, es creer que con nuestras fuerzas es que logramos el éxito, no entendiendo que por la misericordia y voluntad de Dios es que obtenemos todo lo que tenemos. Dios es quien nos da la sabiduría para ser mejores profesionales, empleados, administradores, etc. No podemos olvidar que por nuestras propias fuerzas no podemos lograr nada, aunque así lo parezca.

Nadie es más esclavo que aquel que vive a merced de su propio egoísmo y nadie es más libre que aquel que ha rendido su voluntad a merced de otro; cuando ese otro es Dios.