Lectura: 2 Samuel 12:1-13
Cuando estaba dentro de mi automóvil a punto de pasar por el lavado automático no me percaté de que mi neumático delantero izquierdo no estaba apropiadamente alineado con el carril. El proceso de lavado comenzó pero mi automóvil no se movía así que aceleré. Eso hizo que mi neumático saltara del carril.
Ahora estaba atascada; no podía avanzar ni retroceder. El proceso de lavado continuó con su ciclo sin mi automóvil. Mientras tanto, otros vehículos comenzaron a hacer cola y esperar por mi culpa. Me alegré cuando dos trabajadores de la estación me ayudaron a volver a colocar mi automóvil en el carril.
Algunas veces nosotros también nos salimos del carril en nuestras vidas cristianas. El rey David lo hizo de una manera espectacular. Cometió adulterio con Betsabé y más tarde ordenó que el esposo de ella fuera puesto “al frente, en lo más recio de la batalla” y dejado allí para que le mataran (2 Samuel 11:3-4, 15-17). Las acciones de David si que estuvieron muy fuera de la línea de cómo Dios quería que él se comportara como Su rey escogido.
David necesitó ayuda para volver al carril. La Biblia dice que “Jehová envió a Natán a David” (2Samuel 12:1). El profeta le confrontó por haber robado la mujer de otro hombre y David tuvo la sabiduría de arrepentirse (2 Samuel 12:13). Natán asumió un riesgo al ayudar a David a arreglar sus cuentas con Dios, aun cuando su pecado todavía tuvo consecuencias nefastas.
¿Hay alguien a quien conozcas que necesite tu ayuda para volver al carril?
El verdadero amor se atreve a enfrentarse.
23 nov 2009
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