ENJUGA LÁGRIMAS
Lectura: Apocalipsis 21:1-7
“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá…dolor, porque las primeras cosas pasaron”. – Apocalipsis 21:4
Recién acabando mi predica sobre los dolores de la vida se acercó una pareja delante de la iglesia. La mujer me contó acerca de la carga que ellos llevaban como familia. Su joven hija tenía severos problemas físicos, y la tensión del constante cuidado de este necesitado muchacho aunada al dolor de saber que no podían mejorar su situación, parecía algunas veces ser insoportable.
Mientras la pareja compartía conmigo, con lágrimas en los ojos, su hijo que estaba a su lado – escuchando y observando. Viendo el obvio sufrimiento grabado por las lágrimas en el rostro de su madre, la niña extendió la mano y suavemente enjugó las lágrimas de la mejilla de su mamá. Fue un sencillo gesto de amor y compasión, y una profunda muestra de preocupación proveniente de alguien tan joven.
A menudo, nuestras lágrimas empañan nuestra visión y nos impiden ver con claridad. En esos momentos, puede ser de aliento tener un amigo que se preocupa lo suficiente como para amarnos en nuestro dolor y caminar con nosotros en nuestras luchas.
Aun cuando los amigos pueden ser una ayuda, sólo Cristo puede llegar más allá de nuestras lágrimas y tocar las profundas heridas de nuestros corazones. Su consuelo nos puede sostener en las luchas de nuestras vidas hasta ese día cuando él mismo enjugue toda lágrima de nuestros ojos (Apocalipsis 21:4)
El Dios que lavó nuestros pecados también enjugará nuestras lágrimas.
Lectura: Apocalipsis 21:1-7
“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá…dolor, porque las primeras cosas pasaron”. – Apocalipsis 21:4
Recién acabando mi predica sobre los dolores de la vida se acercó una pareja delante de la iglesia. La mujer me contó acerca de la carga que ellos llevaban como familia. Su joven hija tenía severos problemas físicos, y la tensión del constante cuidado de este necesitado muchacho aunada al dolor de saber que no podían mejorar su situación, parecía algunas veces ser insoportable.
Mientras la pareja compartía conmigo, con lágrimas en los ojos, su hijo que estaba a su lado – escuchando y observando. Viendo el obvio sufrimiento grabado por las lágrimas en el rostro de su madre, la niña extendió la mano y suavemente enjugó las lágrimas de la mejilla de su mamá. Fue un sencillo gesto de amor y compasión, y una profunda muestra de preocupación proveniente de alguien tan joven.
A menudo, nuestras lágrimas empañan nuestra visión y nos impiden ver con claridad. En esos momentos, puede ser de aliento tener un amigo que se preocupa lo suficiente como para amarnos en nuestro dolor y caminar con nosotros en nuestras luchas.
Aun cuando los amigos pueden ser una ayuda, sólo Cristo puede llegar más allá de nuestras lágrimas y tocar las profundas heridas de nuestros corazones. Su consuelo nos puede sostener en las luchas de nuestras vidas hasta ese día cuando él mismo enjugue toda lágrima de nuestros ojos (Apocalipsis 21:4)
El Dios que lavó nuestros pecados también enjugará nuestras lágrimas.

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